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Una derrota es habitualmente una combinación de circunstancias adversas: el tiro libre fallado, una falta no señalada, la canasta que no puntúa al límite de la posesión… cada uno de los pequeños detalles que, tomados de forma autónoma, pueden erigirse en la causa última; con todo, la realidad es compleja y los hechos se interrelacionan. Así ocurre con el dolor: inicialmente, es una derrota de la calidad de vida como consecuencia de una multiplicidad de factores, no siempre, casi nunca, fáciles de identificar.
Quienes lo sufren, lo saben. No es extraño que el paciente aquejado de dolencias sea víctima de un peregrinaje para conseguir “curar”, paliar si cabe, su situación. La Asociación Sine Dolore busca implicarse con el paciente del dolor, con el fin de allanar el sacrificado recorrido que suele acompañar a esta circunstancia vital y que se hace extensiva a familiares y allegados, que también lo sufren, a su modo, otra forma de padecimiento nada despreciable. El domingo 20 de febrero, el Menorca Bàsquet dedicó el partido a la Asociación Sine Dolore. Directiva, cuerpo técnico, voluntarios, jugadores y en general todo el personal que hace posible los domingos ACB, se volcaron en la iniciativa.
Latente, el trascendental partido que iba a empezar, lo que no fue óbice para obtener del equipo (humano, no sólo deportivo) una implicación absoluta en el excelente desarrollo de la jornada Sine Dolore. No pudo ser en lo deportivo, pero no se perdió del todo. El eco de la ocasión fue significativo, estimulado por la categoría más importante del baloncesto español, logrando para Sine Dolore varios triples. Esta victoria no es la nuestra, sino la de tantos y tantos pacientes que sufren dolor, más del 20% de la población. Lo demuestra la progresión ascendente del proyecto. Y el Menorca Bàsquet ha supuesto un empuje de calidad y también de humanidad en su consecución. En nuestra Asociación la derrota deja de ser un obstáculo insalvable para transformarse en incentivo: el dolor dejará de ser fracaso cuando el paciente pueda volver a disfrutar de la calidad de vida a la que tiene derecho. Desde aquí alentamos al Menorca Bàsquet a conseguir su objetivo.

Se lo merece. Nos lo merecemos. Mientras tanto, mientras sigue la lucha para derrotar a las adversidades (léase dolor, léase permanencia), la sociedad menorquina, el colectivo, sale ganando. Más domingos de buen baloncesto; vibraciones al límite, tensión y emoción. Buenos ingredientes que ayudan a la salud. Gracias Menorca Bàsquet. Por lo del domingo día 20. Por todos los domingos.








